El aire, denso con el hedor de la muerte y el sudor, se adhirió a las heroínas como una segunda piel. En un rincón sombrío del campo de batalla, la atmósfera vibraba con la advertencia de Colmena, cuya visión profética les había revelado la amenaza que acechaba a la escuela. El murmullo del agua en el lago, inquietante y constante, parecía resonar en la oscuridad que se cernía sobre ellas, como si el mismo paisaje temiera el conflicto que se avecinaba.
Blanka, con sus alas de murciélago parcialmente extendidas, se centraba en el silencio que la rodeaba. Su ecolocación funcionaba como un sexto sentido, captando el más leve movimiento en la penumbra. A su lado, Mujer Rana —Charlott— se mantenía adherida a un robusto árbol, sus ventosas firmemente aferradas a la corteza, lista para lanzarse al ataque con una agilidad felina. Terra, con sus cuatro brazos cruzados en un gesto de desafío, exhibía una mirada de firmeza implacable. Rain, sosteniendo su katana con una precisión casi religiosa, también estaba lista, cada fibra de su ser vibrando con la anticipación de la inminente furia de Grendel’s Mother.
El aire, tenso y cargado, vibraba en el claro bañado por la luz de la tarde. Desde antes del amanecer habían estado combatiendo, y cada respiración parecía contar una historia de fatiga y determinación, un eco del desgaste que ya comenzaba a asomarse en sus cuerpos. La arboleda cercana al lago se teñía de un suave tono naranja bajo un cielo plomizo, un contraste inquietante que realzaba la brutalidad que se avecinaba.
Las heroínas se mantenían en alerta, sus miradas fijas en la figura imponente que emergía de la oscuridad. Grendel's Mother, la Gran Madre, se presentaba ante ellas en su monstruosa forma acuática, un ser draconiano que irradiaba una energía feroz y amenazante. Sus ojos, centelleantes con una ferocidad antinatural, se posaron en ellas mientras alzaba sus enormes alas membranosas, un rugido de transformación retumbando en el bosque y resonando en las aguas del lago cercano.
La inevitabilidad del combate pendía en el aire como un rayo a punto de caer, y las heroínas se preparaban para darlo todo frente a la formidable Grendel's Mother. Sin embargo, de repente, su figura monstruosa se disolvió, transformándose en una mujer seductora que parecía jugar con la luz del lago, reflejando en sus ojos brillantes una promesa oscura. Con una voz suave y persuasiva, comenzó a manipularlas: “¿Por qué pelear? Podéis uniros a mí y obtener un poder inimaginable,” dijo, una sonrisa de malicia curvando sus labios, un juego peligroso que hacía vibrar el aire a su alrededor.
Pero las heroínas, conscientes del peligro que representaba esa oferta, no se dejaron engañar. La seducción de Grendel's Mother era una trampa revestida de encanto, un veneno disfrazado de dulzura. Con un movimiento ágil, Blanka tomó la delantera, su ecolocación golpeando en un crescendo, mientras Mujer Rana se deslizaba en silencio hacia su presa. Terra se mantenía firme, sus cuatro brazos listos para la batalla, y Rain, con la katana en alto, respiraba hondo, preparándose para desatar la furia contenida.
El combate era inminente, una tormenta de ferocidad y determinación a punto de estallar. El claro, que había sido un refugio momentáneo, se convertía en un campo de batalla, y cada heroína se preparaba para enfrentar no solo a la Gran Madre, sino también a sus propios demonios, mientras la oscuridad se cerraba a su alrededor, absorbido por el terror que estaban a punto de desatar.
Blanka lanzó un ataque inicial, surcando el aire con velocidad sobrehumana. Utilizó su ecolocación para aproximarse a Grendel's Mother, planeando un movimiento sorpresa. Con un salto acrobático, se lanzó hacia la villana, pero Grendel's Mother transformó su figura a la monstruosa forma acuática, desviando el ataque con un movimiento poderoso de sus garras afiladas. El impacto creó ondas que sacudieron el claro.
Mujer Rana saltó entonces al combate, lanzando su lengua prensil con precisión letal hacia el rostro de Grendel’s Mother . La lengua se enroscó alrededor del cuello escamoso de la villana, quien soltó un gruñido de sorpresa mientras intentaba zafarse. Sin embargo, Grendel’s Mother no cedía; con un movimiento abrupto, liberó un rugido que parecía envolver a Mujer Rana, empujándola hacia atrás con una fuerza inmensa que la hizo retroceder varios metros. Charlott rodó por el suelo, pero rápidamente se levantó con una mezcla de tenacidad y rabia en sus ojos.
“¡Cuidado!” gritó Terra, utilizando su geokinesis para elevar una barrera de tierra en defensa. Las rocas se alzaron justo a tiempo, absorbiendo el impacto del golpe de Grendel's Mother . Sin embargo, la fuerza del ataque hizo temblar el suelo, y algunas piedras volaron hacia las heroínas.
Blanka hacia el ataque, sus alas batiendo el aire con fuerza y lanzando un chillido sónico que intentó desorientar a Grendel's Mother. La villana respondió rápidamente, esquivando los intentos de ataque de Blanka con movimientos fluidos y sin esfuerzo. Blanka, ágil y rápida, se desplazaba alrededor de la colosal figura, lanzando ráfagas de ultrasonido para desviar los ataques, mientras sus colmillos venenosos amenazaban, listos para atacar cualquier abertura.
Rain, en cambio, mantenía la distancia, evaluando las posibilidades. Conectada mentalmente a sus compañeras, les envió una advertencia telepática: "No podemos detenerla de frente. Vamos a desorientarla primero". Rain cerró los ojos, enfocando su energía en manipular las frecuencias electromagnéticas de la zona. Grendel's Mother comenzó a oír sonidos distorsionados a su alrededor, una mezcla de gritos, susurros y ecos que parecían resonar en su mente. La villana agitó su cabeza, confundida, lo que brindó a Blanka y Mujer Rana la oportunidad perfecta para atacar desde ambos flancos.
Desde el suelo, Terra alzó ambos brazos y, con un esfuerzo implacable, invocó una muralla de rocas que se alzó alrededor de Grendel's Mother, intentado aprisionarla en una prisión de tierra y piedra. La villana lanzó una carcajada gutural, rompiendo la prisión de rocas con un solo movimiento de sus alas. Las rocas se hicieron añicos, dispersándose en fragmentos que Terra logró dirigir de vuelta contra Grendel’s Mother como un proyectil; sin embargo, la villana se reía, como si el esfuerzo de la heroína solo le resultara un mero inconveniente.
Rain, viendo la oportunidad, reutilizó de nuevo su manipulación de frecuencias para desorientar a la villana. Con una concentración intensa, emitió ondas sonoras que hicieron tambalear a Grendel's Mother, quien trató de recuperar la compostura. La heroína aprovechó el momento y se lanzó hacia adelante, intentando desarmarla con su katana. Pero en un movimiento ágil, Grendel's Mother volvió a su forma seductora, eludiendo el ataque y utilizando sus habilidades de control mental para intentar desviar la atención de Rain.
La Mujer Rana, en un acto de valentía, extendió su lengua prensil y la utilizó como látigo, atrapando una pierna de Grendel's Mother y frenando su avance. “¡Ahora, Blanka!” gritó, mientras la heroína alada se precipitaba desde el aire. Blanka, con sus colmillos venenosos al descubierto, intentó morder a Grendel's Mother, pero la villana se transformó nuevamente, esta vez en su forma monstruosa, rompiendo la sujeción de Charlott y lanzando a Blanka contra un árbol.
Blanka, aprovechando la distracción, descendió en picada hacia la cara de la villana, lanzando un zarpazo con sus garras afiladas que cortó superficialmente la piel escamosa de Grendel’s Mother . Mientras tanto, Mujer Rana se lanzó a los pies de la villana, extendiendo su lengua como un látigo para envolver las piernas acuáticas de la criatura y evitar que escapara.
La villana, furiosa, lanzó un rugido ensordecedor y se liberó de la lengua prensil de Mujer Rana con un violento golpe de su cola. Con un movimiento fluido, la colosal Grendel's Mother alcanzó a Terra y la lanzó contra un árbol con un solo golpe, sacudiendo el suelo con la fuerza del impacto. A pesar del dolor, Terra se reincorporó, su cuerpo rocoso regenerándose lentamente, y alzó de nuevo las manos para levantar una serie de pilares de tierra que sujetaron a la villana desde distintos ángulos, intentando contenerla aunque fuese solo por un instante.
Rain, viendo la oportunidad, recitó un breve mantra mental y se lanzó hacia adelante con su katana en alto. Su mente se conectó a la red de información que cubría el bosque, localizando los puntos de presión de la villana. Con una precisión quirúrgica, atacó esos puntos mientras sus compañeras la asistían desde los flancos. Blanka lanzaba ráfagas sónicas directamente al oído de la villana, mientras Mujer Rana rodeaba a Grendel's Mother, lanzando dardos venenosos y esporas alucinógenas.
Finalmente, un instante de debilidad apareció en el rostro feroz de Grendel’s Mother . Las alucinaciones y el veneno habían comenzado a hacer efecto, su enorme cuerpo titubeaba y su mirada se tornaba desenfocada. Aprovechando el momento, Terra golpeó el suelo, y una onda expansiva hizo temblar la tierra bajo los pies de la villana. Rain saltó al frente, y con una estocada limpia y precisa, logró perforar una de las escamas de Grendel’s Mother , justo debajo del cuello, donde su forma monstruosa parecía tener una pequeña vulnerabilidad.
Las heroínas se reagruparon rápidamente. Terra levantó el suelo con sus brazos, creando un pequeño temblor para desestabilizar a Grendel's Mother. “¡Juntas!” exclamó, mientras todas coordinaban su ataque. Rain utilizó su ciberpatía para crear una distracción, manipulando los sistemas de luces cercanas para interrumpir la visibilidad de Grendel's Mother . En ese momento, la Mujer Rana se lanzó hacia adelante, sus dardos venenosos listos para ser lanzados.
El veneno impactó a Grendel's Mother, provocando que la villana se detuviera por un instante, sintiendo los efectos del veneno paralizante. Sin embargo, la fuerza de Grendel era titánica, y logró romper los efectos del veneno con un grito ensordecedor. Su mirada de furia se centró en las heroínas, y con un movimiento de su mano, lanzó un ataque de energía que sacudió el terreno, derribando a Charlott y Rain.
Las heroínas se encontraban en una situación desesperada, pero la rendición no era una opción. Blanka, herida pero con una determinación feral, se movía con la agilidad de un depredador. Con un impulso feroz, se lanzó hacia Grendel's Mother, buscando distraerla y ganar tiempo. Terra, aprovechando la furia del momento, levantó rocas del suelo, convirtiendo el paisaje en un arsenal de proyectiles que lanzó con una precisión calculada. Mientras tanto, Rain, consciente de que el tiempo se agotaba, conectó mentalmente con los dispositivos a su alrededor. Un pulso electromagnético surgió de su mente, interfiriendo en los sentidos de Grendel's Mother y haciéndola tambalear, un destello de confusión en su mirada.
El trabajo en equipo empezaba a rendir frutos. Grendel's Mother, debilitada y desorientada, luchaba por mantener el equilibrio mientras las heroínas intensificaban su asalto. Con un último esfuerzo, Blanka se lanzó hacia adelante, sus colmillos listos para morder, mientras Mujer Rana y Rain la respaldaban con un ataque combinado de veneno y katana. La Gran Madre, atrapada en medio de su grotesca transformación, no pudo resistir la intensidad del ataque y cayó al suelo, aunque la victoria parecía efímera.
Sin embargo, la villana se reconstituyó, levantando una mano con una fuerza brutal y propinando un golpe que expandió ondas de choque, dejando a las heroínas aturdidas y desorientadas. La batalla se convertía en un ballet macabro, donde la violencia era arte y la muerte una musa. Grendel's Mother se movía con una agilidad inquietante, como un depredador acechando a su presa.
Entonces, la voz resonó en el claro: “¡Ahí vamos, hermanas!” Más heroínas entraron en la refriega, un renovado espíritu de lucha llenando el aire. Hidra apenas pudo esquivar un ataque que prometía mutilarla; cada movimiento de Grendel's Mother era letal, cada golpe un juramento de dolor. Colmena, utilizando su leve poder telequinético, desvió los ataques más mortales, mientras Hidra y Petra se lanzaban al frente, sus cuerpos entrelazados en una danza desesperada y estratégica.
Las sombras danzaban a su alrededor, testigos silenciosos de una lucha que parecía no tener fin. El combate estaba teñido de violencia, sudor y una voluntad indomable. Hidra y Petra luchaban en un frenesí de supervivencia, sus ataques reducidos a destellos en un infierno cada vez más oscuro, mientras Grendel's Mother se abalanzaba sobre ellas con una ferocidad sobrenatural. Las garras de la villana desgarraban el aire, y cada embate resonaba como un trueno en el corazón del bosque.
Atrapada, Hidra invocó a sus hydras, pero Grendel's Mother las absorbió con desprecio, devorando cada criatura como si se alimentara de su energía vital. Petra, buscando una apertura, sintió la vibración de su espada de Plata Élfica en su mano. Pero la Gran Madre anticipaba cada movimiento, burlándose de su deseo de luchar, con una risa oscura que retumbaba entre los árboles y se convertía en el eco de sus peores pesadillas. La lucha continuaba, un ciclo de dolor y resistencia en el que el triunfo parecía tan inalcanzable como la luz en medio de la oscuridad. Un golpe imprevisto hizo tambalear a Petra, quien cayó al suelo, la victoria desvaneciéndose con cada instante. Justo cuando la sombra de la derrota amenazaba con tragarlas, una figura emergió con autoridad en el centro del campo de batalla. Morgana se materializó, envuelta en una penumbra que helaba el aire a su alrededor. Con un gesto solemne, levantó a Grendel’s Mother, suspendiéndola en el aire como si fuera una simple muñeca. La villana se retorció frenética, pero Morgana, impasible, lanzó un grito ancestral y la lanzó contra una roca gigantesca. El impacto hizo estremecer la tierra, resonando en cada rincón del claro.
Sin perder un instante, Morgana hizo levitar la misma roca, desafiando las leyes de la gravedad, antes de dejarla caer sobre Grendel’s Mother con una violencia devastadora. “¡Asco de cucarachas!” vociferó Morgana, el eco de su voz reflejando la rabia contenida. La roca se desintegró en pedazos, pero el odio en sus ojos no cedió. Invocando la fuerza y el frío de las agujas negras de Arachne, Morgana conjuró un poderoso hechizo destructor que impactó en la Gran Madre. Con su último aliento, Grendel’s Mother pronunció, “Mis hijos me vengarán.” A lo que Morgana, con una sonrisa desafiante, respondió: “Los estaré esperando aquí, y tú los esperarás en el infierno.”
En ese instante, tanto Colmena como Morgana sintieron un escalofrío recorrer sus espinas dorsales, un presagio de lo que estaba por venir.
El campo se cubrió de un polvo denso que ennegrecía los pulmones y teñía de desolación el ambiente, una nube oscura que parecía absorber la luz misma. En medio de este caos, Morgana, con una urgencia palpable, llamó a Lady Fire para que se uniera a ella.
Las dos mujeres unieron fuerzas en una invocación de magia que hizo temblar los cimientos del campo de batalla y de toda la Isla de Gracia. Sus poderes, al fusionarse, desataron una tormenta de energía que arrasó con la mayoría de los zombis, envolviéndolos en una danza de muerte mientras sus gritos se perdían en el crepitar de su extinción.
El aire quedó impregnado del hedor de carne quemada y podredumbre, una sinfonía macabra que acompañaba a la victoria efímera. De nuevo, tanto Colmena como Morgana sintieron un escalofrío recorrer sus espinas dorsales y cerebros, una inquietante señal de que la lucha aún no había terminado.
pero el alivio fue fugaz, apenas un suspiro antes de que una presencia siniestra emergiera desde el horizonte. Con un temblor, la tierra anunció la llegada de Lady Macbeth, la Bruja Multiversal, quien avanzaba despacio pero segura, con una frialdad que parecía consumir todo resquicio de esperanza en los ojos de quienes la miraban.
Lady Macbeth recorría el campo de batalla con la precisión de un verdugo. Su mirada, helada e insensible, recorría cada figura, paralizando a quienes osaban cruzar su paso. Cada héroe caía, hipnotizado por la visión oscura de la bruja, sin tiempo siquiera para una defensa digna. Colmena fue la primera en ver su silueta imponente. “¡Viene hacia nosotros! ¡Lady Macbeth está aquí!” —gritó, su voz quebrándose entre el asombro y el miedo.
Mientras tanto, en el interior de la Escuela Destiny, Yrihan luchaba contra el tiempo en su laboratorio. Su trabajo con P.E.M.M. era su única esperanza de reubicar los poderes que se extinguían a cada segundo, pero los destrozos que Hottoro Tashima había dejado complicaban su misión. Los cables colgaban como serpientes muertas, los paneles chisporroteaban y el sudor recorría su frente mientras su mirada oscilaba entre el equipo destrozado y el reloj, cuyas agujas parecían burlarse de su desesperación.
Por otra parte, Ackolyt, que se tambaleaba con las heridas aún frescas de la última batalla, sentía la presencia de Macbeth como un peso insoportable en el pecho. En su vínculo telepático con su hermano Gato, percibió una visión fugaz: una escena sombría del futuro donde todos los Extraños yacían muertos, cada uno a una hora y en un lugar exacto, sellando la oscuridad de un destino que Macbeth ansiaba consumar.
Desde lo alto de la colina, Morgana presenció el avance de Lady Macbeth. La bruja buena, siempre tan firme, dejó escapar una lágrima al intuir la devastación que se avecinaba. Gato, comprendiendo que la situación era crítica, Se giró hacia su tía y le susurró, “No puedes intervenir,” y, sin más, se lanzó hacia el laboratorio, desesperado por reunirse con su hermano Ackolyt. Pero Macbeth, adelantándose a sus intenciones, conjuró portales oscuros que impedían su avance. En cada uno de esos portales, una réplica espectral de Ackolyt agonizaba, desangrándose en un bucle infinito, retorciendo el corazón de Gato que avanzaba con una determinación cada vez más agotada.
Los héroes que quedaban en pie, al ver el despliegue de Macbeth, comprendieron que no había otra opción más que enfrentarse a la bruja a cualquier precio. FireBird, en su desesperación, desató una ráfaga de cristales de luz sólida que rebotaron en un escudo invisible de la villana, dispersándose como polvo ante su mano alzada. Polvo de Ángel y Destroid, sin pensarlo, se lanzaron contra ella, pero Macbeth los frenó en seco, sujetando sus brazos con una fuerza invisible que los retorció como si fueran muñecos de trapo. El crujido de los huesos de Destroid resonó en el campo de batalla, y Lady Macbeth, con una frialdad cortante, susurró: “No, no eres invulnerable.”
Lady Fire, con las mariposas de energía oscura aleteando sobre ella, recargó su Poder Infernal en una explosión de luz y fuego, disparando una esfera de energía densa y letal. El aire se onduló cuando la esfera voló hacia Macbeth, pero esta simplemente la desvió, aunque por un instante pareció retroceder un paso. Aprovechando esa breve distracción, Psilocyb y Nightshade se lanzaron hacia ella, una maniobra desesperada. Psilocyb consiguió asir la mano de Macbeth, intentando inmovilizarla. Por un segundo, sus miradas se cruzaron, Psilocyb y Nightshade proyectando todo su coraje hacia la mirada glacial de la villana. Nightshade, en un intento final, intentó drenar la energía de la bruja, su esencia misma. Macbeth no se inmutó. Con una explosión de magia oscura, los lanzó por los aires, ambos héroes cayendo sin aliento, sin fuerzas, como hojas en una tormenta.
Lady Macbeth miraba su reloj.
Continuará…
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