jueves, 14 de noviembre de 2024

59 - ¿Batalla Final? - Abyss 5ª parte .

Recapitulemos; 

El núcleo vibraba como una criatura insaciable, un pulso rojo y violento que devoraba la ciudad con una voracidad silenciosa. Escombros giraban en el aire, envueltos en esa danza lenta y agónica, mientras el vórtice parecía cobrar vida propia. Lady Fire y Yrihan no dudaron; sabían que ese infierno no les daría una segunda oportunidad. Con el rostro cubierto de sudor y cenizas, se lanzaron a ese abismo ardiente. La ciberMagia de Yrihan se vertía en el núcleo como un torrente frío y eléctrico, una fuerza precisa y quirúrgica que intentaba penetrar la brutalidad del vórtice. Su cuerpo vibraba, cada fibra muscular al borde del colapso, mientras Lady Fire proyectaba oleadas de fuego, creando un muro vivo de llamas que envolvía la ciudad en un abrazo candente. Pero el núcleo era insaciable, y a cada segundo, su poder aumentaba, arañando la contención como una bestia rabiosa.

No bastaba. El monstruo que dormía en el núcleo rugía, hambriento, ansioso por devorarlos a todos. Fue entonces cuando Plata apareció, Hermosa y decidida. Desde la distancia, sus ojos brillaban con una determinación sombría. Alzó los brazos, temblorosos, y el aire pareció detenerse. Su telekinesis se desplegó en una onda precisa y aplastante, como un filo cortante que encajaba en el caos. Era un acto de pura brutalidad mental, el último intento de domar el monstruo.

Poco a poco, la gravedad comenzó a ceder. La ciudad entera, inclinándose, inició un descenso lento y controlado hacia el agua. Los rostros de los héroes eran máscaras de esfuerzo y dolor; músculos tensos, bocas abiertas en un silencio sofocante mientras contenían a duras penas el abismo que amenazaba con arrastrarlos. Cuando la estructura colosal tocó finalmente la superficie, el océano la recibió con un estruendo, un rugido profundo que se extendió en ondas gigantescas, envolviendo todo en un manto de espuma. Pero no hubo explosión. Ares-Marte no vería su desastre apocalíptico consumarse.

El silencio cayó, denso y aplastante. La ciudad, como un coloso abatido, descansaba sobre el agua. A la distancia, el sol apenas asomaba en el horizonte, iluminando aquel cementerio flotante con una luz fría. Y en ese instante de quietud sofocante, la voz de FireBird rompió el silencio, su tono firme, oscuro, resonando en los comunicadores.

—La Escuela Destiny… preparados! Se aproxima un nuevo azote enemigo.

Las palabras cayeron pesadas, llenas de esa promesa de violencia que traen los días grises antes de la tormenta. Exhaustos, heridos, los héroes intercambiaron miradas de acero; sabían que apenas acababan de arañar la superficie de lo que estaba por desatarse.

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La Escuela Destiny estaba sumida en una quietud espectral. A lo lejos, el sol proyectaba su luz pálida sobre el campo, donde los cuerpos y la sangre se fundían con la hierba húmeda. Las fuerzas restantes de Destiny se habían reunido ante los muros destruidos de la escuela, un puñado de estudiantes y profesores que miraban con gravedad hacia el horizonte, la tensión haciendo temblar el aire.

Frente a ellos, el Profesor Mondstroid ajustaba su traje de batalla, su expresión pétrea mientras observaba el horizonte. A su lado, Psilocyb lanzaba una mirada cargada de determinación, sus poderes vibrando bajo la piel, listos para desatarse en el momento adecuado. Petra, general de la guardia de élite de las Gárgolas, miraba el frente con una intensidad casi sobrehumana, sus ojos fríos y despiadados mientras sostenía su lanza como una extensión de su propio cuerpo. Las Gárgolas rodeaban el perímetro, sosteniendo lanzas, escudos, espadas y hachas, con las garras afiladas y listas para desgarrar carne. Entre ellas estaba Jacob, Príncipe de las Gárgolas e hijo de la reina Milena, su figura sombría pero serena en medio de aquel ejército de piedra y furia.

El campo de fuerza de un naranja brillante se alzaba como una última defensa. Alimentado por la avanzada tecnología de Destiny, el escudo protegía el terreno escolar, pero había sido desplegado demasiado tarde. Mondstroid observó las líneas de su defensa, sus pensamientos recorriendo cada posible escenario mientras escuchaba el zumbido agudo de la energía que mantenía el escudo. Los otros miembros de los Extraños, incluyendo a Psilocyb, Hidra, Nightshade y FireBird, permanecían firmes en la primera línea, los ojos clavados en el horizonte, cada uno sosteniendo sus propias dudas y temores detrás de una máscara de determinación.

En un instante, el campo de fuerza se iluminó, vibrando ante una fuerza que lo golpeó desde el otro lado. La silueta de Lady Macbeth apareció al frente, sus ojos fríos y calculadores reflejando un odio visceral, mientras a su lado se erguía Conrrad Stromper, el Ciber Vampiro, su rostro marcado por una expresión burlona y hambrienta.

FireBird lanzó una mirada rápida a Hidra, quien le devolvió una sonrisa tensa. El reencuentro con su amado era un respiro breve, una promesa silenciosa de que, pasara lo que pasara, lucharían hasta el final.

El rugido de las naves del Grupo Abyss cortaba el aire, una tormenta oscura que se cernía sobre La Escuela Destiny como un presagio inevitable de muerte. Los héroes miraban al horizonte con rostros duros, conscientes de que el tiempo jugaba en su contra. Al ras del suelo, una de las enormes naves con forma de murciélago descendió, desplegando una rampa metálica por la que brotaron hordas de Zombies y criaturas Camaleónicas de ojos vidriosos y movimiento errático, como depredadores sueltos y ansiosos por desgarrar cualquier cosa viva. La multitud de criaturas avanzó en una ola brutal, arremolinándose y golpeando con violencia el escudo que rodeaba la escuela.

La energía del escudo chisporroteó, emitiendo destellos de un naranja hirviente al contacto, desintegrando a decenas de Zombies que se lanzaban ciegamente contra él, solo para ser calcinados en el intento. Sin embargo, la horda no disminuía; cada una de esas criaturas malditas que caía era reemplazada por tres más, una oleada que parecía inacabable y sin conciencia propia, dispuesta a romper esa última línea de defensa.

Las sombras parecían cobrar vida propia cuando Yrihan se adentró en el sótano de la escuela Destiny. En ese espacio, donde los gritos de la batalla apenas se percibían, tenía ante él a la figura del traidor, P.E.M.M., el arma definitiva de Ciber-Vampiro. Con cada latido, el pulso electromagnético que emanaba de Electromagno hacía parpadear las luces y retorcía las paredes, como si la propia realidad temblara en su presencia. Este ser, este traidor, había logrado anular todos los sistemas defensivos de la escuela y había mantenido la isla en una ceguera fatal ante el ataque

Yrihan apretó los puños, sintiendo el peso de la responsabilidad mientras evaluaba el estado de P.E.M.M., atado por cadenas infundidas con magia oscura y tecnología avanzada, una combinación que apenas lograba mantener bajo control al vasallo de Ciber-Vampiro. Las cadenas vibraban con una energía furiosa, como si P.E.M.M. estuviera a punto de liberarse en cualquier momento. Cada movimiento, cada susurro de ese ser, era un recordatorio de lo cerca que habían estado de la destrucción total.

Los ojos de P.E.M.M., fríos y calculadores, reflejaban un odio contenido y una lealtad inquebrantable hacia su amo. "Ciber-Vampiro vendrá por mí, Yrihan. Y cuando lo haga, no habrá barrera ni fuerza en este mundo que lo detenga."

Yrihan ignoró la amenaza, concentrándose en la tarea titánica de revertir el flujo de energía de P.E.M.M. Sabía que, si lograba anular sus capacidades, devolvería a la isla su poder, restaurando las defensas tecnológicas y místicas de la escuela. Pero el tiempo corría en su contra. Afuera, el ejército de Lady Macbeth avanzaba, y el escudo de energía de Destiny estaba comenzando a ceder.

P.E.M.M. soltó una risa amarga, una mezcla de desprecio y desesperación. "¿De verdad crees que puedes detenerme? Soy una extensión de Ciber-Vampiro; mis poderes son una fusión de ciencia y magia. Con cada intento de revertir mi poder, solo lo fortaleces más." 

Pero Yrihan no estaba dispuesto a retroceder. Con un movimiento rápido, ajustó un dispositivo en su brazo y lo clavó en la piel metálica de P.E.M.M., absorbiendo una fracción de su energía. El dolor fue visible en el rostro de P.E.M.M., pero, al instante, una sonrisa retorcida apareció en sus labios. "Sigue intentando, muchacho. Cada segundo que pasas aquí, los tuyos mueren allá afuera."

El caos en el exterior crecía; el sonido de los zombies golpeando el escudo se intensificaba, resonando en las paredes como un eco macabro. Yrihan sabía que no tenía tiempo para juegos. Presionó el dispositivo hasta el límite, canalizando el poder electromagnético y las ondas mágicas de P.E.M.M. hacia un circuito inverso. El aire crepitaba con energía mientras el pulso de poder comenzaba a filtrarse de regreso al sistema de defensa de la escuela. El sótano apenas contenía la fuerza desatada cuando Yrihan redobló sus esfuerzos. Cada pulso que lograba desviar hacia el circuito inverso era un intento desesperado de devolverle los poderes a quienes habían sido dejados indefensos en la isla. Recordaba con amargura la traición de P.E.M.M., cómo había escapado de la escuela Destiny y se había dirigido hacia el corazón mismo de la isla de Gracia, el punto cero. Allí, desató una ráfaga de energía que dejó a casi todos los habitantes, héroes y habitantes por igual, despojados de sus habilidades, sumidos en una vulnerabilidad desconocida hasta entonces.

La capacidad de P.E.M.M. para anular no solo la tecnología, sino también la magia y los dones místicos, lo había convertido en una amenaza abrumadora y devastadora. Su lealtad al Ciber-Vampiro no dejaba lugar a dudas: todo este golpe había sido diseñado para desmantelar la defensa de la isla y someter a sus habitantes al ejército de Abyss. Y ahora, el ejército de Lady Macbeth, con sus naves en forma de murciélago, avanzaba sin resistencia real, convirtiendo la Escuela Destiny en una fortaleza asediada.

Mientras tanto, en el sótano, Yrihan sentía cómo el pulso que generaba el dispositivo comenzaba a retroalimentarse, a acumular la energía de P.E.M.M. en un vórtice creciente. Si lograba canalizar la descarga de regreso al centro de la isla, podría revertir el hechizo de nulidad y restaurar las habilidades perdidas. Sin embargo, cada segundo que pasaba era una danza con la muerte. P.E.M.M. lo miraba fijamente, con esa sonrisa burlona de quien sabe que su misión ya estaba cumplida.

"¿De verdad crees que lograrás algo, Yrihan?", escupió P.E.M.M., su voz un susurro envenenado. "No podrás con la energía. Yo soy la fuerza que mantiene a esta isla en silencio, que drena cada chispa de magia y poder. Tu pequeña máquina solo hará que explotes junto conmigo."

 Yo soy quien te a capturado Novato. Dijo Yrihan. 

Ignorando el veneno en sus palabras, Yrihan apretó los dientes y, con un giro final del dispositivo, lanzó la energía contenida hacia el punto cero. El sótano se inundó de un brillo cegador mientras el pulso energético viajaba a lo largo de la isla, atravesando cada rincón, cada pared. Afuera, en el escudo defensivo, algunos héroes comenzaron a sentir el regreso de su fuerza, una chispa de esperanza encendiendo sus miradas mientras los zombies chocaban con violencia contra la barrera energética.

Los poderes y habilidades, anulados por el traidor, comenzaban a despertar, pero el flujo era muy lento, un cuentagotas eterno. 

Arriba, la batalla en el campo de la escuela era un infierno. El Profesor Mondstroid, envuelto en su traje de batalla, se movía rápido, calculando cada posibilidad en milésimas de segundo. Los héroes se alineaban junto a él en una mezcla de rabia y determinación. Petra, la feroz general de la guardia de élite de las Gárgolas, estaba a su lado, las venas de su cuello marcadas como cuerdas de acero mientras sujetaba su lanza con fuerza. Jacob, el príncipe de las Gárgolas, observaba la línea enemiga, sus ojos afilados bajo la luz del escudo, preparado para liderar el contraataque.

El escudo empezó a ceder. Los Zombies, con sus cuerpos deformes, lograron encontrar fisuras y se filtraban por ellas, abriendo brechas. La situación era crítica, y el Profesor Mondstroid no perdió tiempo en tomar una decisión drástica. Dio la orden de abrir un acceso controlado en el escudo, un pequeño portal en el frente que canalizaría la embestida hacia un solo punto, donde los héroes podrían concentrar toda su fuerza. Si los Zombies entraban por todos los flancos, la batalla estaba perdida. Sin embargo, si lograban mantenerlos enfocados, al menos tendrían una oportunidad de ganar tiempo para evacuar a los más jóvenes y a los bebés que se refugiaban en las salas inferiores de la escuela.

Las fuerzas de Lady Macbeth y Conrad Stromper, el temido Ciber Vampiro, aguardaban detrás de las líneas, observando la resistencia de los héroes con una frialdad calculada. Lady Macbeth alzaba una mano, indicándole a sus soldados que aguardaran, dejando que el avance desmedido de los Zombies agotara las defensas de Destiny. Conrad, con una sonrisa macabra, cruzaba los brazos, saboreando el caos que su fiel vasallo, P.E.M.M., había sembrado al desactivar las defensas de la isla. Desde la distancia, contemplaban cómo la presión ejercida en el escudo iba fracturándolo poco a poco.

Un gruñido de advertencia resonó a través del campo de batalla; las primeras criaturas que lograron atravesar el escudo fueron rápidamente enfrentadas. Petra lideró el ataque, las garras de sus guerreros gárgolas desgarrando la carne pútrida de los Zombies. Los héroes se movían con eficiencia, cada golpe letal. FireBird e Hidra peleaban juntos, sincronizados como si fueran uno solo, sus movimientos rápidos y certeros, mientras Nightshade y Psilocyb cubrían sus flancos. El aire estaba cargado del olor metálico de la sangre y la energía mágica residual, mientras los gritos de combate se mezclaban con los gemidos inhumanos de las criaturas que caían sin cesar.

—Vamos, Yrihan… —susurró Mondstroid, Por su comunicador, sin dejar de vigilar el campo de batalla.

En el laboratorio, Yrihan, agotado pero inflexible, ejecutó el último ajuste. En ese preciso instante, P.E.M.M. emitió un destello, una onda de energía inversa que empezó a resonar por toda la isla. Los primeros en sentir el regreso de sus poderes fueron los héroes que luchaban en el frente, cuyos cuerpos parecían renacer bajo el destello de una nueva energía. Las habilidades mágicas y tecnológicas regresaron con fuerza, potenciando cada movimiento, cada golpe. Yrihan había logrado restaurar lo que P.E.M.M. había robado.

El rugido de la horda aumentó al mismo tiempo que los héroes recuperaban sus habilidades. Los golpes de los puños, las descargas eléctricas y las ráfagas de energía llenaban el aire. La batalla había alcanzado un nuevo nivel de brutalidad, pero ahora los héroes estaban nuevamente al nivel de su enemigo.

Desde su posición, Lady Macbeth observaba la escena con una mezcla de desprecio y diversión. Era consciente de que el Grupo Abyss no estaba simplemente allí para destruir; querían sembrar el miedo, desmoronar las bases mismas de La Escuela Destiny. Conrad Stromper, implacable, dio un paso al frente, sus ojos brillando con la promesa de más destrucción, mientras su mirada caía sobre la figura de Mondstroid. Sabía que mientras quedara una pizca de esperanza, los héroes resistirían. Y esa esperanza, él estaba allí para aniquilarla.

Mondstroid, junto a Psilocyb y Petra, avanzó con una mirada decidida hacia el frente de batalla, consciente de que cada segundo contaba. En sus mentes, la certeza: esta noche, la isla se teñiría con más que solo sangre.

Bajo un cielo gris oscuro y amenazante, el jardín destrozado de la Escuela Destiny se convierte en el campo de batalla entre héroes y villanos. La silueta del Ciber Vampiro, Conrad Stromper, desciende con suavidad, acompañado por sus tres temibles osos vampiro. Los tres osos avanzan en formación, los ojos de Conrad brillan, uno verde y el otro azul, mientras escanea el terreno con su visión sobrehumana. Las partes mecánicas de su cuerpo chirrían levemente, y sus propulsores emiten un leve zumbido al ajustarse para mantenerlo en el aire. Sabe que Mondstroid se encuentra cerca y está decidido a acabar con él. Sin embargo, Amina, Optic y Mephitis aparecen a lo lejos, listos para interponerse en su camino.

Los osos vampiro, de aspecto imponente y feroz, avanzan primero, dejando ver sus colmillos y su masa corpulenta, preparada para el combate. Se lanzan hacia los héroes con un rugido atronador, y el primero apunta directamente a Amina. Con una velocidad equivalente a la de un caballo desbocado, Amina esquiva sus ataques con gráciles giros y maniobras evasivas. Sus habilidades en artes marciales y su dominio de armas ninja le permiten moverse ágilmente, deslizándose y golpeando a los osos con sus shurikens y kunais. El primer oso retrocede, irritado y confundido, mientras Amina se coloca estratégicamente para usar su velocidad equina y su agilidad en defensa.

Optic, el cíclope, avanza directamente contra el segundo oso, lanzando su hacha con precisión quirúrgica, logrando hacer retroceder a su oponente. Los osos vampiro, con su resistencia y capacidad regenerativa, reciben el impacto, pero la fuerza bruta de Optic los desafía. Con su visión de rayos X, analiza rápidamente la estructura interna del oso, localizando puntos débiles que podrían aprovechar en el siguiente asalto.

Mephitis, observando el avance del Ciber Vampiro, despliega una nube de feromonas y otra de su característico olor tóxico. La niebla se extiende como una barrera química alrededor de los héroes, dificultando la percepción de los enemigos. Con sus sentidos aumentados, detecta el zumbido de los propulsores del Ciber Vampiro y anticipa sus movimientos aéreos. Conrad intenta mantener la distancia, disparando con su láser montado en el dedo, pero Mephitis responde rápidamente, esquivando los proyectiles y aprovechando sus reflejos aumentados para acercarse con maniobras acrobáticas.

Conrad sonríe, consciente de que la verdadera batalla apenas comienza. Extiende sus manos, y una descarga de energía electromagnética se libera en un pulso expansivo, intentando desactivar cualquier dispositivo electrónico cercano y desestabilizar a los héroes. Amina, sin embargo, absorbe parte de la energía cinética de la onda, amortiguando su impacto. Optic, inmune a la electricidad, permanece inafectado, y su resistencia sobrehumana lo mantiene firme. Mephitis, afectada por el pulso, cae momentáneamente de rodillas, pero rápidamente se recupera gracias a su agilidad y voluntad férrea.

El Ciber Vampiro cambia de táctica y activa su teletransportación, apareciendo detrás de Amina para sorprenderla con su espada futurista. Amina apenas logra esquivar el ataque, su velocidad y reflejos le permiten mantenerse en la pelea. Desvía el filo de la espada con su katana, lanzándose hacia Conrad en un contrataque rápido, aunque su oponente responde con un escudo de energía psíquica, bloqueando sus ataques.

Optic, aprovechando la distracción de Conrad, concentra su fuerza y lanza un poderoso golpe directo, logrando penetrar el escudo de energía y hacer que el Ciber Vampiro retroceda unos metros. Conrad, irritado, intenta penetrar las mentes de los héroes con su telepatía, pero se enfrenta a una resistencia inesperada: desde la distancia Colmena y sus abejas crea un escudo psíquico  natural, bloqueando sus intentos de manipulación.

Los héroes, ahora mejor sincronizados, se preparan para un asalto final. Amina lanza un último ataque con sus kunais, alcanzando a uno de los osos vampiro en un punto vulnerable. Mephitis, utilizando su habilidad de feromonas, manipula momentáneamente al otro oso, que, confundido, se vuelve contra el Ciber Vampiro, debilitando momentáneamente a su líder.

El Ciber Vampiro, enfurecido, canaliza una ráfaga de energía psíquica y un pulso de radiación, atacando simultáneamente a los tres héroes. Sin embargo, Optic se interpone, utilizando su cuerpo como escudo para bloquear el ataque. Su capacidad de regeneración le permite absorber parte del daño, mientras Amina y Mephitis lanzan un asalto coordinado desde diferentes direcciones. Finalmente, Optic, con una fuerza descomunal, asesta un último golpe que impacta directamente en el pecho de Conrad, debilitando su núcleo cibernético.

                                     La batalla contra el Ciber Vampiro estaba alcanzando su punto crítico. Los héroes, heridos y agotados, apenas lograban resistir los feroces ataques del enemigo. A sus lados, los aliados caían uno por uno bajo las implacables garras de los osos-Vampiro del Ciber Vampiro, cada uno una fortaleza en miniatura alimentada por su energía maligna. Sin embargo, justo cuando todo parecía perdido, una explosión de cristales rosados y un zumbido ensordecedor de alas anunciaron la llegada de refuerzos inesperados.

                                          El final toma un giro inesperado con la llegada de Cuarzo y Colmena, quienes se unen en el clímax de la batalla contra el Ciber Vampiro y sus tres aterradores Osos-Vampiro. Los héroes de la Escuela Destiny, ya agotados y gravemente heridos, apenas pueden reaccionar cuando los nuevos refuerzos entran en acción, desplegando un despliegue de poder abrumador que inclina la balanza a favor de los defensores.

Ryan Alan Drake, alias Cuarzo, es el primero en unirse al campo de batalla. Sus construcciones de cuarzo rosa brillan con destellos de luz mientras erige una barrera de cristal que bloquea los ataques de los Osos-Vampiro, protegiendo a los demás héroes. Con un rápido movimiento, Cuarzo proyecta rayos cristalizadores, atrapando a uno de los osos en un bloque de cuarzo casi impenetrable, que lo inmoviliza al instante. Sin perder tiempo, Cuarzo adopta una forma de cristal reforzado, dotado de cuchillas afiladas que convierten su cuerpo en una verdadera arma viviente.

Uno de los osos carga contra él, pero Cuarzo levanta un escudo de cuarzo rosa que absorbe el impacto del monstruo. Luego, con un movimiento preciso, crea una espada de cuarzo y lanza un tajo fulminante que atraviesa al oso, dejándolo debilitado. A medida que los otros osos intentan abalanzarse sobre él, Cuarzo utiliza su habilidad de crear plataformas y toboganes para evadir los ataques, desplazándose de un lado a otro con rapidez y precisión.

Mientras Cuarzo mantiene ocupados a los Osos-Vampiro, Andrea, conocida como Colmena, desciende en el campo de batalla, envuelta en una nube de insectos que giran a su alrededor como un enjambre protector. Con una calma inquietante, Colmena extiende su control mental sobre los Osos-Vampiro, sembrando confusión en sus mentes y alterando sus emociones. Los monstruos, desconcertados y desorientados, se vuelven vulnerables a los ataques precisos de sus aliados.

La ventaja de Colmena se despliega aún más cuando utiliza su clarividencia para anticipar los movimientos de los Osos-Vampiro, guiando los ataques de los demás héroes y creando aperturas tácticas en la defensa de los monstruos. Aprovechando su control de insectos, Colmena libera un ejército de abejas y arañas que cubren a uno de los osos, dificultándole la visión y reduciendo su capacidad de respuesta. Luego, utiliza sus habilidades de manipulación emocional para inducir miedo en los Osos-Vampiro, lo que los vuelve reacios a acercarse.

Cuando el último de los Osos-Vampiro se abalanza hacia ella, Colmena libera una explosión de feromonas y líquidos exotérmicos que crean una barrera de calor alrededor de su cuerpo. El oso retrocede, mientras Colmena levita y lo rodea en una nube de seda producida por sus glándulas, inmovilizándolo completamente.

Pero no todo queda ahí, Optic con sus hachas decapita a los tres osos en una danza macabra pero impresionante. 

Con los Osos-Vampiro neutralizados, los héroes vuelven su atención al Ciber Vampiro, quien ahora se enfrenta a Amina, Cuarzo, y Colmena al mismo tiempo. Cuarzo proyecta varias construcciones de cuarzo rosa en forma de lanzas que golpean al Ciber Vampiro desde múltiples ángulos. Amina, aprovechando la distracción, lanza un ataque contundente, mientras que Colmena utiliza su poder para manipular la percepción del Ciber Vampiro, creando ilusiones que lo confunden y debilitan.

Finalmente, Cuarzo y Colmena sincronizan un ataque conjunto: Colmena distrae al Ciber Vampiro con una confusión mental y un enjambre de insectos, mientras Cuarzo proyecta un rayo cristalizador que encierra al Ciber Vampiro en una estructura masiva de cuarzo rosa. Atrapado y debilitado, el Ciber Vampiro no puede resistir el golpe final de Amina, quien atraviesa la prisión de cuarzo con un su Katana, destruyendo a su enemigo en un estallido de chispas y fragmentos.

Con la derrota del Ciber Vampiro y sus bestias, un rayo de sol atraviesa las nubes oscuras que cubrían el cielo sobre los jardines de la Escuela Destiny. Los héroes, exhaustos y heridos, se miran unos a otros con una mezcla de alivio y orgullo. La llegada de Cuarzo y Colmena, sus habilidades y su valentía, ha sido crucial para asegurar la victoria. 

Pero saben que lo peor aun esta por llegar, 

Cuarzo dice; vamos esos Zombies no se van a matar solos. 

Las sombras de las naves se extienden sobre el campo de batalla, proyectando un silencio pesado antes del caos. Desde el horizonte, las flotas de murciélagos metálicos invaden el cielo, un eco metálico de alas vibrantes que parece surgir desde los rincones más oscuros del infierno. 

Al contemplarlos, La Mujer Rana sonríe con una mueca irónica viendo las hordas de zombies y susurra, “Esto le encantaría a George A. Romero .” Colmena le responde con una sonrisa de guerra, sus ojos lanzando un brillo frío mientras despliega su enjambre de insectos alrededor de su cuerpo como una marea oscura y letal.

Las puertas de la nave principal se abren, y de inmediato, una avalancha de cuerpos tambaleantes emerge, lanzándose en una marea de carne y odio sin vida. Los Zombies irrumpen con jadeos entrecortados y manos estiradas, sus ojos vacíos fijos en la destrucción que les han programado. El ejército Destiny y Los Extraños avanzan delante de ellos, preparados para desatar su furia.

El choque es salvaje, una mezcla de metal, carne y sangre que embiste como una tormenta imparable. Los primeros Zombies chocan contra los guerreros de Destiny con una fuerza desquiciada. Profesor Mondstroid se mueve con una precisión quirúrgica, sus garras desgarran las carnes putrefactas con un ritmo casi mecánico, y un brillo predador se instala en sus ojos. A su lado, Psilocyb se convierte en una embestida imparable, aplastando cráneos y torsos podridos con una fuerza sobrehumana que hace saltar fragmentos de hueso y sangre oscura. Nightshade, envuelta en un aura de sombras, danza entre los muertos, sus armas de sombra hundiéndose en el pecho de los zombies que se desploman, como si la misma oscuridad fuera una daga.

Más allá, Hidra y Colmena se deslizan por entre los zombies, utilizando su agilidad para evadir los ataques erráticos. Hidra, con su movimiento serpenteante, parece una ilusión, esquivando garras mientras lanza ataques cortantes. Colmena no se queda atrás; sus enjambres envuelven a los muertos vivientes, obstruyéndoles la visión y distrayéndolos lo suficiente para que caigan bajo las hojas de Hidra y Nightshade. Entre las sombras, Petra lucha con una furia aterradora, su espada larga vibra en sus manos mientras atraviesa a sus enemigos, y cada tajo y corte es tan preciso que apenas hace ruido.

La batalla se torna caótica; destellos de FireBird atraviesan el campo de batalla cuando sus plumas de energía perforan a los zombies, y los cuerpos caen ardiendo al suelo. Destroid, mientras aplasta cuerpos putrefactos bajo sus pies, lanza un grito desafiante, “¿Dónde están los Gemelos?” La respuesta de Hidra es una carcajada entrecortada: “Esos malditos cobardes de Gato y Ackolyt están escondidos. Fobia a los zombies.” 

La marea de zombies, sin embargo, no cede. Los cadáveres se acumulan, pero la brecha en el escudo sigue produciendo más y más criaturas, lanzándolas contra los defensores como una maldición incesante. Los cuerpos podridos trepan unos sobre otros, sus extremidades flácidas y resbalosas aplastando a sus propios compañeros muertos mientras intentan abrirse paso hacia los combatientes.

Lejos del campo de batalla, Yrihan trabaja con una intensidad febril en el laboratorio, manipulando los controles y chequeando datos. Sus dedos vuelan sobre las terminales, ajustando cada segundo la calibración de P.E.M.M., su única carta para evitar que el mundo caiga en una noche interminable. Sabe que está cerca, pero cuando el estruendo de la explosión retumba en los muros del laboratorio, un sudor frío recorre su espalda. Uno de los generales del Ciber Vampiro, Hottoro Tashima, ha irrumpido en el laboratorio, su mirada glacial fija en Yrihan y en los equipos. El general solo tiene una misión: destruirlos a todos, incluido P.E.M.M.

Y mientras las fuerzas del Ciber Vampiro se ciernen sobre el laboratorio, Ackolyt, escondido en las sombras, aprieta los dientes. La fobia a los zombies lo ha debilitado, pero el miedo que siente ahora es más profundo. No por su vida, sino por lo que está en juego si falla. Con una respiración temblorosa y un puño firme, sale de su escondite, enfrentándose a Hottoro Tashima en una lucha donde sabe que las probabilidades están en su contra, pero su voluntad es más fuerte que el miedo.

            un destello incandescente desgarró el cielo. Desde lo alto, un portal de luz se abrió con un zumbido sordo, y Lady Fire apareció, descendiendo con una majestuosidad brutal que dejó una estela de fuego en el aire. A su lado, Gato y Replikate cayeron como meteoros, y en el instante en que sus pies tocaron el suelo, la marea cambió. Sin perder tiempo, Lady Fire lanzó un rayo infernal que incineró a cientos de Zombies en una fracción de segundo, volviendo sus cuerpos oscuros y carbonizados.

Gato, con los ojos encendidos de un rayo creciente, avanzó entre la horda, proyectando relámpagos a diestra y siniestra. Su miedo aún latía en el fondo, pero cada descarga que lanzaba disipaba el pánico, reemplazándolo por la oscura satisfacción de ver a las criaturas desmoronarse bajo sus rayos. Con cada paso, sentía cómo su poder regresaba, llenándolo de una euforia peligrosa que bordeaba en la sed de destrucción.

Lady Fire se elevó de nuevo, su figura iluminada por un halo infernal, y cuando desató otro de sus golpes ardientes, el suelo estalló en llamas, envolviendo a decenas de zombies en un anillo de fuego que los convirtió en cenizas antes de que tuvieran tiempo de gritar. Los cuerpos ardían, y la Señora del Fuego lanzaba ráfagas de poder como dardos de energía. Cada lanzamiento era un acto calculado, preciso, que despedazaba a los muertos con una frialdad mortal.

Lady Fire advirtió; ¡¡¡no temáis estos Zombies no contagian, Pero si matan!!!

En el cielo, las nubes se volvieron negras, y Replikate se erguía, canalizando el poder de Gato y Lady Fire. Invocando rayos desde lo alto, caían en explosiones a lo largo del campo de batalla, quebrando huesos y carne podrida. La combinación de poder era como una sinfonía letal; cada golpe, cada movimiento de los tres héroes estaba en perfecta sincronía, un juego de destrucción meticulosamente coreografiado.

De pronto, la atmósfera se enfrió drásticamente. Azael se unió al campo, sus manos moviéndose en un vaivén casi elegante mientras creaba muros de hielo que atrapaban a los zombies, dejándolos congelados en retorcidas posiciones de muerte. Cada estructura era una prisión cristalina que encerraba a los no-muertos en un purgatorio helado. Al llegar junto a Gato, esbozó una sonrisa de complicidad, y se miraron con un brillo tierno de reconocimiento.

“¿Dónde estabas, amor?” preguntó Gato, con la voz ahogada, pero firme.

“En Destiny Marina. Trasladamos a todos los bebés de las cinco academias allí. Algo raro está pasando; la mayoría de los poderes están colapsando y no podemos teletransportar a nadie fuera de la isla,” respondió Azael con una dureza que apenas ocultaba la preocupación. “Esto nos va a llevar al límite, pero tenemos que aguantar.”

Gato asintió, su semblante endurecido. “Lo sé… mis poderes también están afectados. Pero eso no cambia nada. Nos mantendremos en pie hasta el final.”

Entre las líneas, Wonder-Guy, con su rifle psíquico a cuestas, se movía con la gracia de un depredador entrenado, cada disparo impactando en la cabeza de un zombie. Su precisión era aterradora, y a pesar del caos, mantenía una actitud tan despreocupada que resultaba inquietante. No muy lejos, Raplikate desplegaba sus sombras, las extendía y las moldeaba en látigos que desgarraban la carne podrida y las extremidades de los enemigos en movimientos fluidos y letales. Aunque su habitual cinismo aún se reflejaba en su rostro, Raplikate estaba inmersa en la batalla, sin perder un segundo, replicando los poderes de los más fuertes como una máquina bien aceitada de destrucción.

La presencia de Lady Fire en el campo de batalla infundió un nuevo aliento en los guerreros de Destiny y en los Extraños. Profesor Mondstroid, hasta ese momento rodeado por hordas de muertos vivientes, sintió la energía correr por sus venas y arremetió con una furia renovada, desgarrando a los zombies con sus garras, sus ataques certeros como si estuviera descuartizando muñecos de trapo.

Psilocyb y Nightshade avanzaban implacables, su sincronización exacta, sus golpes brutales. Psilocyb, con sus manos pesadas como martillos, arrojaba a los enemigos de un lado a otro, mientras que Nightshade, con sus movimientos ágiles y sus armas de sombra, se deslizaba entre ellos, cortando gargantas y hundiendo hojas oscuras en sus pechos pútridos. Las olas de enemigos parecían interminables, pero el dúo se mantenía firme, desbordante de una determinación que solo aquellos familiarizados con la muerte pueden comprender.

                                     El campo de batalla se había convertido en un torbellino de fuego, hielo y sombras; los gritos de los zombies se apagaban entre explosiones de llamas y estallidos de escarcha. Cada golpe resonaba como un eco de determinación, cada muerte un recordatorio del precio que estaban dispuestos a pagar por la resistencia. Los héroes Destiny y los Extraños luchaban con la desesperación de aquellos que saben que el futuro está en juego. Cada uno de ellos, marcado por cicatrices y recuerdos, estaba dispuesto a entregar hasta su último aliento.

A pesar de los esfuerzos de Lady Fire, que había diezmado a las fuerzas de Lady Macbeth, las oleadas de zombies no cesaban. Las criaturas, como un río de muerte, seguían fluyendo, aparentemente interminables. La batalla era un caos absoluto, con cuerpos desmembrados y el aire impregnado del hedor de la descomposición y la pólvora. El ambiente estaba cargado de tensión; la muerte acechaba a cada paso, y la esperanza se convertía en un recurso escaso.

Mientras tanto, en el interior del laboratorio de Yrihan, la situación se tornaba cada vez más crítica. El científico, una figura atrapada entre la ciencia y la magia, trabajaba contrarreloj, sintiendo la presión de un tiempo que se escurría entre sus dedos. La maquinaria zumbaba, chisporroteando bajo la intensa carga de energía que intentaba contener, pero la ansiedad lo consumía. Debía devolver los poderes a sus dueños, y cada segundo contaba.

De repente, el ataque que había anticipado se materializó. Hottoro Tashima, uno de los miembros más mortales del Grupo Abyss, se infiltró en el laboratorio con la agilidad de una sombra, burlando las defensas como si fueran meros obstáculos de papel. Yrihan, consciente de que su tiempo se agotaba, activó un mecanismo con manos temblorosas. Pero antes de que pudiera completar el proceso, el golpe llegó. Hottoro destruyó parte del equipo, enviando chispas volando y forzando a Yrihan a detenerse.

La pelea dentro del laboratorio fue rápida y feroz, un ballet mortal entre dos fuerzas opuestas. Yrihan, empapado de coraje, utilizó su Ciber magia para defenderse. Pero Hottoro, un guerrero vampírico, era un torrente de violencia implacable, y Yrihan se vio forzado a retroceder, sabiendo que su única opción era proteger a Ackolyt, quien estaba debilitado y vulnerable.

Ackolyt, gravemente herido desde el asalto anterior, luchaba contra el dolor que amenazaba con consumirlo. A pesar de la debilidad que lo dominaba, se levantó con un grito que resonó en su interior como un eco de su determinación. Enfrentarse a Hottoro era un suicidio, pero el instinto de supervivencia superó a la razón. La lucha que se desató fue una danza de desesperación, donde los puños y las habilidades se entrelazaban en un intento por resistir lo inevitable.

El laboratorio de Yrihan era un hervidero de energía y peligro. Las máquinas chisporroteaban mientras el científico luchaba contra el tiempo, consciente de que cada segundo contaba. En ese preciso momento, la puerta se abrió de golpe y una sombra rápida irrumpió en el recinto: Mikel Hottoro Tashima, el letal guerrero del Grupo Abyss.

Hottoro, con su pálida tez y colmillos afilados, se movió como un rayo, destruyendo los equipos de Yrihan en un instante. El científico, temblando de ansiedad, trató de activar su Ciber magia para defenderse, pero el vampiro era una tormenta de violencia, un torrente incontrolable que lo forzó a retroceder. 

De pronto, Ackolyt Destiny, quien había estado a punto de perder el conocimiento por sus heridas, gritó. A pesar de su estado, una chispa de determinación encendió su espíritu. Con un esfuerzo sobrehumano, se levantó, sintiendo el dolor recorrer su cuerpo. "¡No lo permitiré!", exclamó, su voz resonando con una mezcla de desesperación y coraje.

Hottoro, sorprendido por la súbita intervención, giró hacia Ackolyt con una sonrisa burlona. "¿De verdad crees que puedes detenerme? Estás en mal estado, niño."

Pero Ackolyt, a pesar de su debilidad, no se dejaría intimidar. Sus garras retráctiles se extendieron mientras se lanzaba al ataque. Con una agilidad sorprendente, hizo una voltereta hacia adelante, intentando sorprender a su adversario. Sin embargo, Hottoro, utilizando su velocidad sobrenatural, esquivó el ataque con facilidad. 

Los puños comenzaron a volar. Hottoro golpeó con fuerza, y Ackolyt sintió el impacto en su pecho. Retrocedió, pero rápidamente se reequilibró, utilizando su cola prensil para estabilizarse y contraatacar. 

El combate se volvió un intercambio feroz de golpes y técnicas de combate. Hottoro, con su conocimiento anatómico, atacaba con precisión, buscando debilitar aún más a Ackolyt. Cada golpe resonaba como un trueno en el laboratorio, donde las máquinas estaban al borde de colapsar.

Ackolyt, sin embargo, no estaba dispuesto a rendirse. Con un esfuerzo monumental, se concentró y utilizó su manipulación de elementos, intentando canalizar el aire a su alrededor. Un torbellino comenzó a formarse, levantando papeles y herramientas del suelo. Con un grito de determinación, Ackolyt desató una ráfaga de aire, que impactó a Hottoro y lo hizo tambalear hacia atrás.

"¡Toma esto!", gritó Ackolyt, consciente de que cada acción podía ser su última. Pero Hottoro, recuperándose rápidamente, lanzó su contraataque. Voló por el aire, utilizando su capacidad de vuelo para maniobrar en círculos, y en un instante, se lanzó hacia Ackolyt, sus colmillos brillando con una luz siniestra.

Mientras Yrihan hacia todo lo posible para restaurar los poderes de todos. 

La rapidez de Hottoro era devastadora. Con un movimiento fluido, aterrizó frente a Ackolyt y, en un instante, lo golpeó con un puñetazo en el estómago. Ackolyt sintió cómo el aire se escapaba de sus pulmones, y por un momento, todo pareció desvanecerse.

Sin embargo, en su interior, la conexión psíquica con su hermano Gato resonó. "¡Ackolyt, no te rindas! ¡Lucha!" 

Impulsado por ese vínculo, Ackolyt reunió lo último de su fuerza y, en un movimiento rápido, utilizó sus garras cargándolas con energía oscura ayudado por su cristal  para asestar un corte en el brazo de Hottoro que lo dejo manco. La sorpresa se reflejó en el rostro del vampiro, quien retrocedió, dejando caer una de sus alas momentáneamente. 

Aprovechando la oportunidad, Ackolyt tomó aire y, utilizando su poder elemental, creó un pequeño seísmo, haciendo que el laboratorio temblara. La maquinaria vibró con intensidad, y chispas volaron por todas partes. Hottoro, ahora desconcertado, luchaba por mantenerse en pie.

Con un último esfuerzo, Ackolyt se lanzó hacia Hottoro, logrando conectar un poderoso golpe en su rostro, haciendo que el vampiro se tambaleara. Con el corazón acelerado y el cuerpo adolorido, Ackolyt se plantó firme, mostrando que, a pesar de sus heridas, no se dejaría vencer.

"Este combate no ha terminado", dijo Ackolyt, pero se sintió abrumado por el agotamiento. En lo que Yrihan apreso a al vampiro en una jaula de Ciber magia con tenue luz solar, que lo debilitaría aunque no lo mataría. 

Con dificultad, Ackolyt se giró para ayudar a Yrihan, pero no podía evitar mirar a su enemigo. En el caos del laboratorio, la victoria había sido amarga y llena de desafíos. Pero por ahora, Ackolyt había resistido, a pesar de todo.

Mientras tanto, afuera, el combate entre los Extraños y los zombies continuaba con una intensidad inigualable. FireBird, anteriormente conocido como Maul, disparaba sin descanso, sus poderes otorgados por los cristales fénix iluminando el campo. Cada rayo en forma de pluma de fuego que lanzaba era una promesa de venganza, un grito de guerra que cortaba el aire. Los zombies caían a su alrededor, pero más y más se acercaban, como un río oscuro que se negaba a secarse.

Destroid, un coloso de pura fuerza, se adentró en el caos. En un momento de confusión, una ola de zombies lo arrolló, pero con un movimiento devastador, sacudió a la muchedumbre como si fueran hojas secas. Sus brazos, como mazas de acero, aplastaban cabezas y cuerpos, dejando un rastro de destrucción a su paso. La piel de Destroid era un escudo impenetrable; los dientes de los muertos vivientes se rompían al intentar morderlo, convirtiéndose en una risa macabra ante la brutalidad de su fuerza.

En lo alto, las naves Murciélago sobrevolaban el campo, sus siluetas recortadas contra el cielo gris, lanzando más refuerzos y zombies a la mezcla. Los soldados de Destiny luchaban con valor, pero la presión del ejército invasor comenzaba a hacer mella en sus filas. La desesperación y el miedo eran ahora compañeros constantes, como sombras que acechaban a cada paso.

Lady Fire, después de eliminar a miles de los zombies, giró su mirada hacia Wonder-Guy y Raplikate. "¡Podemos acabar con todos!" gritó, su voz un faro de determinación en medio del caos. Wonder-Guy, con una sonrisa sarcástica, respondió: "¡Esa es la actitud!" Sus pensamientos, sin embargo, eran más oscuros. Esto era por ti, mi niño. Su mente se aferraba a la motivación que lo mantenía en pie, mientras la batalla rugía a su alrededor.

Wonder-Guy continuó disparando, cada balazo una expresión de su resolución. A su lado, Raplikate canalizaba todos los poderes que había copiado, ahora también la telequinesis de Wonder-Guy, lanzando zombies por los aires con la misma despreocupación con la que uno sacudiría una mosca. Era un espectáculo de poder y determinación, pero también de una fragilidad inminente; cada ataque, cada poder utilizado, se convertía en un recordatorio de que el tiempo no estaba a su favor.

La batalla continuaba, una lucha interminable entre la vida y la muerte, donde la línea entre el bien y el mal se desdibujaba. En cada rincón del campo de batalla, los ecos de la lucha resonaban, y la esperanza, aunque frágil, persistía. En la oscuridad, los Extraños estaban dispuestos a hacer lo que fuera necesario para triunfar, sin importar el costo.

Continuara… 

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