Callawan fue el primero en desatar su ira, conjurando una esfera de energía oscura que giraba con voracidad entre sus manos, como un abismo que reclamaba luz y esperanza. Con un movimiento que parecía danzar en la penumbra, lanzó la esfera hacia Hidra. Ella, dotada de un instinto casi primitivo, ejecutó un salto acrobático, evadiendo la explosión que resonó contra la pared, dejando tras de sí un cráter humeante que parecía llorar el destino de los que habían caído en la desesperación.
El pulso de la adrenalina inundaba a Hidra, un torrente de emociones crudas que encendían su interior. Aprovechando la fuerza concentrada en sus piernas, se lanzó hacia adelante con una potencia inusitada, deseosa de golpear a Callawan. Pero él, con una agilidad que desafiaba lo humano, se desvaneció en una nube de sombras, reapareciendo detrás de ella como un espectro que se regocijaba en el miedo.
Con ojos ardientes de un rojo sobrenatural, Callawan intentó encadenar su voluntad a la de Hidra, un ataque hipnótico que destilaba desesperación. Sin embargo, la furia que brotaba de ella la revestía con una resistencia que desbarataba sus intentos de manipulación. En lugar de sucumbir, Hidra giró con una gracia mortal, contraatacando con un puño que impactó en la carne de Callawan. El villano sintió el golpe, pero su risa burlona resonó en el aire, transformándose en un monstruo grotesco, su figura se expandió en un espectáculo de musculosidad repulsiva.
Afrontando esta grotesca manifestación de poder, Hidra se mantuvo firme, su densidad ósea aumentada y tejidos especializados otorgándole la resistencia necesaria para soportar el embate del villano. Con un ímpetu casi sobrehumano, se impulsó hacia adelante, utilizando su Eco-radar y flexibilidad para rodar bajo el ataque de Callawan. Con rabia canalizada, tomó escombros, lanzándolos con una ferocidad que revelaba la profundidad de su dolor.
Callawan, incapaz de seguir subestimando a su oponente, desató una ráfaga de energía oscura desde su báculo, una explosión de sombras que se lanzaron hacia Hidra. Pero ella, en un despliegue de agilidad y fuerza, realizó un salto explosivo, evadiendo el ataque. Al aterrizar, el suelo tembló bajo su peso, un eco del poder que resonaba entre ellos.
Hidra desplegó sus cabezas de hydra, cada una emergiendo con la intención de devorar a Callawan. A pesar de sus esfuerzos, el villano logró esquivarlas, aunque con un esfuerzo visible. La determinación de Hidra no titubeó; con una velocidad impresionante, se abalanzó sobre Callawan, decidida a poner fin al combate. A medida que ambos se enfrentaban, las sombras y la luz comenzaron a entrelazarse, una danza caótica que simbolizaba la lucha entre el deseo de venganza de Hidra y la ambición insaciable de Callawan.
Cada golpe de Hidra era un grito desgarrador por Spur, su dolor y rabia acumulándose en cada movimiento. Cada conjuro de Callawan era una manifestación de su desprecio por quienes osaban desafiarlo, su locura alimentando la oscuridad a su alrededor. La Escuela Destiny, ahora un monumento a la ruina, se transformó en el escenario de su mortal enfrentamiento. El aire se tornó opresivo, cargado de energía y de intenciones asesinas, una atmósfera enrarecida que prometía un desenlace fatal. La ira de Hidra ardía intensamente, mientras Callawan apenas lograba contener su propio poder. Su fuerza, amplificada por la sangre de Ahura, parecía ilimitada, como si fuerzas cósmicas la empujaran a convertirse en una guerrera indomable, capaz de traspasar cualquier obstáculo, incluido Callawan. Pero la escena se tornó sanguinaria cuando él, en un acto de salvaje desprecio, comenzó a arrancar las cabezas de hydra. Cada una de ellas, al caer, se regeneraba a una velocidad abrumadora, como si un ciclo interminable de sufrimiento y renacimiento se hubiera desencadenado.
FireBird llegó al rescate de su amada Hidra, pero fue interceptado por una horda de bestias de sombra, esos espectros grotescos que se alimentaban de la desesperación. Luchando por su vida, FireBird intentaba abrirse camino hacia ella, mientras los gritos de Hidra resonaban en su mente, un eco de agonía. Desde el rincón de su visión, vio cómo Callawan le arrancaba una tras otra las cabezas de hydra, cada acto una burla macabra a su sufrimiento.
La joven y hermosa heroína, con sus ojos llenos de lágrimas, se deshacía en un llanto incontenible. A medida que FireBird luchaba, la desesperación de Hidra se tornó palpable. Su cuerpo comenzó a deformarse, a mutar en una masa babosa, verde y apagada, un reflejo de su alma desgarrada. Callawan se reía, un sonido que era un canto a la locura, disfrutando del espectáculo dantesco que él mismo había creado.
De repente, ese amasijo informe de carne verde, vísceras y sangre comenzó a tomar forma. Creció, se agigantó, y de una manera que nadie podría explicar, emergió la legendaria Hydra de Lerna, una bestia mítica que desataba el horror y la fascinación a partes iguales. La leyenda había cobrado vida,
.
El aire en la Escuela Destiny se tornó electrizante, cargado de una energía oscura y potente mientras Callawan y la recién transformada Hidra en la Hydra de Lerna se preparaban para el enfrentamiento. Callawan, confiado en su poder, sonrió al ver cómo la heroína se alzaba ante él, una figura ahora imponente, capaz de invocar la furia de múltiples cabezas serpenteantes.
La transformación de Hidra había sido un espectáculo aterrador. Su cuerpo se había expandido y distorsionado, dando vida a una criatura mitológica que resonaba con la esencia de Lerna. Las cabezas de la hydra emergieron de su forma amorfa, cada una mostrando un furioso deseo de venganza. Los ojos de Hidra, una mezcla de desesperación y determinación, brillaban con la luz de una ira contenida.
Callawan, sintiendo el aumento de poder de su adversaria, se preparó para la batalla. Su aura oscura se intensificó, y sus ojos, normalmente negros, comenzaron a tornarse rojos, brillando con un poder amenazante. Con un gesto rápido, convocó una esfera de energía mágica, lista para desatar su primer ataque.
La Hydra de Lerna, ahora dotada de una fuerza abrumadora, lanzó un grito ensordecedor que reverberó por toda la Escuela Destiny. Las cabezas serpenteantes se movieron con agilidad, buscando a su oponente mientras Callawan lanzaba la esfera de energía hacia ella. Sin embargo, con una rapidez sobrenatural, las cabezas se movieron para interceptar el ataque, absorbiendo la energía oscura antes de que pudiera causar daño.
Aprovechando la confusión, Callawan invocó su habilidad de manipulación dimensional. Abrió un portal detrás de sí y, en un movimiento fluido, se desvaneció en un torbellino de sombras, reapareciendo justo al lado de la Hydra. Lanzó un ataque por sorpresa, sus manos rodeadas de energía oscura, dispuestas a desatar una lluvia de impactos.
Pero las cabezas de la hydra, cada una con su propia voluntad, se defendieron. Con una coordinación asombrosa, atacaron a Callawan desde diferentes ángulos, sus bocas abiertas mostrando filas de dientes afilados. Callawan, aunque sorprendido por la velocidad y la ferocidad de su oponente, se retiró rápidamente, esquivando las mordeduras mortales.
—¡Eres un insecto insignificante! —gritó Callawan, recuperando su compostura. Se transformó en una grotesca figura monstruosa, aumentando su tamaño y musculatura, creyendo que esta nueva forma le daría la ventaja. Las sombras que lo rodeaban se intensificaron, y su presencia se volvió aún más intimidante.
Hidra, sin embargo, no retrocedió. Su fuerza, ahora amplificada por la sangre de Ahura, hizo que sus cabezas se agitaran con furia renovada. Cada una de ellas atacó con una precisión letal, lanzando ataques de ácido venenoso vaporizado que hicieron que Callawan se viera obligado a esquivar y a crear barreras de energía para protegerse.
Callawan lanzó un hechizo de manipulación de energía, creando una ola oscura que buscaba desestabilizar a la Hydra. El poder de su ataque era abrumador, pero Hidra, impulsada por su determinación y rabia, saltó por encima de la ola, aterrizando con fuerza en el suelo, creando una onda de choque que hizo temblar el suelo bajo los pies de Callawan.
En la corta distancia FireBird estaba asediado, Luchando al límite con las Bestias-sombra, FireBird, al ver la desesperación de Hidra, se lanzó a su rescate. Pero nuevamente fue interceptado por una horda de bestias de sombra convocadas por Callawan, luchando con todas sus fuerzas para llegar a su amada. La desesperación de Hidra creció cuando vio a FireBird en apuros, su furia aumentando aún más al ver cómo Callawan se regodeaba en su sufrimiento.
Antes de que la situación avanzara más , Lady Fire emerge de entre las ruinas, su figura recortada por el resplandor de su propio poder. Intenta razonar con Callawan, apelando a un resquicio de humanidad en él, buscando una tregua antes de que la situación se desborde. “Callawan, aún puedes detener esto,” le dice, su voz cargada de una mezcla de cansancio y determinación. Pero Callawan simplemente se ríe, su rostro una máscara de desprecio. “Detenerme… ¿ahora? No, querida. Esto es solo el comienzo.”
Sin más advertencia, Callawan alza su cetro y lanza un rayo de energía oscura, tan rápido y letal como una serpiente atacando a su presa. Lady Fire, sin titubear, conjura un escudo de fuego y magia rúnica, deteniendo la embestida. Los ataques de Callawan continúan, su cetro lanzando proyectiles de energía que se estrellan contra los escudos de Lady Fire. La intensidad de la batalla se eleva, cada ataque y contraataque resonando como el trueno, mientras Hidra observa, sintiendo la ira burbujeando en su interior, lista para estallar en cualquier momento.
En el clímax de esta feroz contienda, una sombra se despliega tras ellos, como una presencia imparable que toma el control del campo de batalla. Es Destroid, que ha llegado justo a tiempo para presenciar el enfrentamiento. Su imponente figura se alza en medio del caos, y Callawan, siempre el arrogante, no puede resistir la oportunidad de menospreciarlo. “Mírate,” se burla, “una criatura inferior, nada más que un capricho fallido de la naturaleza.” Pero las palabras de Callawan solo logran encender la furia de Destroid.
Sin más preámbulos, Destroid avanza hacia él, sujetándolo de la túnica con una fuerza brutal. Con una facilidad que resulta aterradora, lo estampa repetidamente contra el suelo, cada golpe resonando en el aire, el cuerpo de Callawan chocando contra la roca y el polvo como si fuera un muñeco de trapo. La mirada de Destroid está llena de un odio profundo y vengativo mientras se deshace de su enemigo con un desprecio aplastante. Con un movimiento final y despiadado, lo lanza de una patada, enviándolo volando por los aires, perdiéndose en el horizonte y estrellándose en algún rincón distante de la isla.
Hidra observa la escena con una mezcla de satisfacción y un nuevo poder que la consume. La ira y la pérdida se convierten en la chispa que alimenta su sed de venganza. Con Spur y otros caídos en la memoria, sabe que esta batalla está lejos de terminar, y su determinación arde como nunca antes. Entre sus pensamientos Hidra retoma su forma normal, esta agotada, Y Lady Fire se deshace de todas las Bestias-Sombra con hechizo de Luz solar.
A Unos pocos 2 Kilómetros de ahí.
Los rayos del sol se reflejaban en las copas de los árboles de los bosques montañosos cercanos a la escuela Destiny. Allí, entre los sonidos de la naturaleza, las sombras se agitaban y la atmósfera se tensaba, presagiando un inminente conflicto.
Anightmaster, Metal-Diva y Apolo avanzaban en silencio, alertas, conscientes de que los enemigos aguardaban en la penumbra. Habían recibido informes de la aparición de dos villanos formidables en los alrededores, y todos comprendían el peligro de enfrentarse a Rosa Negra, una entidad milenaria con la fuerza de la naturaleza misma, y a MistGen, un humano parasitado por un Morfógeno, capaz de manipular el vapor y transformar su cuerpo en formas letales. Esta era una misión de vida o muerte.
El primer movimiento en la batalla fue de Rosa Negra. Surgiendo entre la maleza en su forma de "Rosa Monstruosa", un ser de 30 metros con pétalos de un rojo vivo y enredaderas que retorcían el aire como tentáculos, avanzó hacia ellos con una fuerza devastadora. Sus enredaderas, afiladas como cuchillas, se movían como látigos, atacando sin cesar a los héroes, que apenas lograban esquivar los embates de la planta monstruosa.
Metal-Diva, con su piel plateada y su habilidad para manipular metales, fue la primera en lanzarse al ataque. Transformó sus brazos en afiladas cuchillas y comenzó a cortar enredaderas, rompiendo cada tentáculo con la fuerza de un torbellino metálico. Sin embargo, Rosa Negra regeneraba sus extremidades tan rápido como eran destruidas, y un veneno empezó a emanar de sus cortes, creando una nube tóxica que se esparcía a su alrededor. Apolo, con sus alas negras desplegadas, se elevó en el aire y liberó un potente "Rayo Sombra" hacia el corazón de la flor gigante, creando una explosión de pétalos y savia oscura, que salpicó el suelo como una lluvia mortal.
Anightmaster, observando la ferocidad de Rosa Negra, decidió emplear su magia de sangre. Inició un ritual en el que absorbió la sangre de criaturas y héroes muertos cercanos, incrementando su poder y generando látigos de sangre afilados que lanzaba con una precisión mortal. Cada látigo penetraba profundamente en la carne vegetal de Rosa Negra, debilitándola, pero la entidad natural no parecía ceder. Los héroes combinaban sus ataques, tratando de reducir su fuerza, pero la inmortalidad y regeneración de Rosa Negra hacían cada avance una tarea titánica.
Cuando parecía que Rosa Negra estaba comenzando a agotarse, un viento gélido recorrió el claro. Una sombra sinuosa y etérea surgió entre la niebla; era MistGen. Su cuerpo se movía con fluidez, envolviendo el aire a su alrededor y formando apéndices gaseosos que se solidificaban en cuchillas. Con una sonrisa cruel, MistGen disparó vórtices de vapor hacia Anightmaster, quien, gracias a sus reflejos mejorados y su habilidad para anticipar los movimientos de los enemigos, logró esquivar varios ataques. Sin embargo, uno de los vórtices lo alcanzó, derribándolo.
Metal-Diva reaccionó rápidamente, creando un escudo de hueso metálico para proteger a Anightmaster mientras ella se lanzaba contra MistGen, quien esquivó hábilmente sus ataques, dispersándose como vapor en el aire. Apolo, en ese momento, invocó su "Unirayo", combinando el poder del Rayo Solar y el Rayo Sombra, generando una explosión de luz cegadora y energía oscura que impactó a MistGen, dispersándolo en todas direcciones. La energía fue tan poderosa que el mismo bosque tembló, pero el villano logró regenerarse rápidamente.
Anightmaster, viendo que MistGen y Rosa Negra solo se volvían más peligrosos con cada ataque, decidió hacer uso de su habilidad final. Su espada de sangre brillaba con un rojo vibrante mientras concentraba toda su energía vital en un último golpe. Sabía que este movimiento lo exponía a los ataques de MistGen, pero estaba dispuesto a arriesgarlo todo. Con un grito de guerra, Anightmaster se teletransportó detrás de MistGen, usando su camuflaje para acercarse sin ser detectado.
El impacto de su espada de sangre fue devastador. MistGen gritó de dolor mientras Anightmaster canalizaba toda su energía a través del arma, logrando cortar el flujo del Morfógeno que lo fortalecía. Por un momento, MistGen se vio obligado a su forma humana, vulnerable y debilitada. Pero Rosa Negra, percibiendo el sacrificio inminente de su villano compañero, no estaba dispuesta a ceder. En un movimiento rápido, convirtió sus enredaderas en una serie de lanzas afiladas y las lanzó hacia el héroe. Las lanzas atravesaron a Anightmaster, quien, en su último aliento, utilizó su magia de sangre para crear una barrera que protegiera a Apolo y a Metal-Diva. En un último susurro, Anightmaster dijo: "Por la Escuela Destiny… y por mis amigos".
El sacrificio de Anightmaster logró debilitar a MistGen lo suficiente para que Metal-Diva y Apolo pudieran lanzarse al ataque con todas sus fuerzas. Metal-Diva, con su fuerza y adaptabilidad, perforó el torso de MistGen, acabando con él definitivamente. Apolo, por su parte, usó la energía absorbida del sol para desencadenar un ataque devastador sobre Rosa Negra, desintegrando su forma monstruosa y eliminando cualquier rastro de su existencia en el bosque.
La batalla había sido ganada, pero la victoria era un eco sombrío, una sombra que se cernía sobre el campo de ruinas. Metal-Diva y Apolo se arrodillaron junto al cuerpo inerte de Anightmaster, que yacía allí como un mártir en una liturgia macabra. La espada, aún empapada en sangre fresca, descansaba en sus manos, y su rostro, una máscara de serenidad, reflejaba la calma de un guerrero que había cumplido su deber con un sacrificio tan noble como trágico. Era un guardián caído, el último vestigio de un destino que se desvanecía, dejando a Destiny sin uno de sus protectores más valientes.
Sin embargo, ni el tiempo para llorar había sido concedido…
Yrihan, con su Psico-Wireless, percibió una transmisión enemiga, un murmullo insidioso que Rain confirmó con un escalofrío. Alertó a Plata Infernal, cuya mente aún procesaba el horror de la pérdida. “Los líderes de la Secta de la Luz Divina han lanzado una bomba nuclear hacia la isla de Gracia”, pronunció Yrihan, su voz cargada de desesperación. La frialdad de la noticia se instaló como un veneno en el aire: no les importaba sacrificar a sus propios aliados si con ello podían borrar a la mayor concentración de seres no humanos de la Tierra. Los líderes se hallaban a buen recaudo en una dimensión intermedia, un limbo sombrío por el que los Ciber-Golems irrumpían en su mundo.
Plata comunicó telepáticamente a los Extraños supervivientes la terrible noticia, pero el eco de su voz se ahogó en la tempestad de la batalla. Mientras, Destroid, con un movimiento brutal, dejó fuera de combate a Callawan de una patada, pero el equipo ya se hallaba en la agonía de la comprensión: la bomba se dirigía hacia la isla, un azote implacable que se acercaba.
En ese instante, la armadura angelical de Spur y el Trierastrum se desprendieron de los restos inertes del joven héroe. Se elevaron en un vuelo espectral hacia Apolo, quien, al recibirlos, sintió cómo su poder se intensificaba, pero también comprendió la terrible verdad: Spur había caído. La desesperación se transformó en una decisión, un acto de heroísmo en medio de la inminente catástrofe.
Apolo, el único capaz de enfrentar tal amenaza, se apoderó del misil nuclear con una determinación casi suicida. En un último acto de valentía, voló a través del portal con el artefacto destructivo, llevando la muerte a los líderes de la Luz Divina que creían estar a salvo. Al cruzar el umbral dimensional, la comunicación telepática con Plata se esfumó como un susurro en la niebla, dejándolo en un silencio ensordecedor. Logró liberar el misil justo a tiempo; la explosión iluminó el vacío, destruyendo la flota enemiga en un espectáculo de caos y fuego, mientras la devastación se extendía como una sombra voraz.
El efecto fue inmediato: las tropas Ciber-Golems en la Tierra se desplomaron, como si la vida que los animaba se hubiera desvanecido, dejando un silencio inquietante en su estela. Pero el portal se cerró, y Apolo quedó atrapado en la dimensión intermedia, en un destino incierto, un héroe olvidado en un abismo de desolación.
Plata, desde la seguridad de su realidad, fue testigo de cómo Apolo desaparecía al otro lado, atrapado en una encrucijada. Hidra, consciente del peligro que se cernía, sintió la presencia de un Dragón Rojo que acechaba, dispuesto a derribar a Plata. Sin dudarlo, acudió a su rescate, liberando a sus Hydras. Una de ellas se lanzó con ferocidad, atrapando y salvando a Plata, mientras las otras tres se abalanzaron sobre el dragón, quebrándole el cuello con una facilidad espantosa.
“¡Plata, tienes que reaccionar!” le gritó Hidra, su voz resonando como un lamento en la tormenta. “Estamos cayendo como moscas; no podemos perderte a ti también. Ackolyt, Medusa, Replikate y Gato aún respiran, lo siento”, añadió Hidra, su voz una mezcla de esperanza y desesperación. “¡Debes encontrarlos, Plata!”
“¿Y FireBird?” preguntó Plata, su voz temblando.
Hidra, con tristeza en el rostro, respondió: “No lo sé. Lo perdí de vista después de que Lady Fire lo rescatara.”
A pesar de la caída de los Ciber-Golems, el terreno estaba infestado por la sombra de una amenaza aún mayor. Miles de enemigos acechaban, una plaga implacable, como una neblina oscura dispuesta a devorar a los supervivientes. La lucha, un festín de desesperación, resonaba en el aire con un eco de horror: una sinfonía grotesca de muerte y desolación.
Los Gigantes de Hielo, monstruos de una brutalidad indescriptible, marchaban como heraldos de un terror antiguo, mientras los Jinetes Sin Cabeza, sin rostro y sin piedad, sembraban el caos a su paso. Armados con un ejército de humanos modificados genéticamente, esos seres convertidos en bestias de caza eran una aberración, una cruel fusión entre el horror y la carne. Estos humanos modificados genéticamente son miembros de élite de la Secta de la Luz Divina. Los ataques eran implacables; sus víctimas caían como hojas secas, y la crueldad de los Gigantes y los Jinetes se manifestaba en cada grito desgarrador a cada paso.
Los Extraños y los Nuevos Destiny-Men se enfrentaban a una pesadilla palpable, intentando contener la situación y salvar a los Naamáns y No-Humanos atrapados en la Isla de Gracia. Pero la batalla era feroz y, en el caos de la violencia, el terreno se convertía en un mar de cuerpos y sangre. Cada miembro del equipo se veía obligado a exprimir hasta la última gota de su esencia, a liberar sus habilidades en un intento desesperado por sobrevivir. Sin embargo, la superioridad numérica y la brutalidad insaciable de los Gigantes de Hielo y los Jinetes Sin Cabeza convertían el terreno en una trampa mortal. La desesperación comenzaba a instalarse, un miasma que se filtraba en sus corazones, como un veneno.
En el corazón de la Isla de Gracia, la ciudad capital, donde se erguía el Castillo de la Reina Titania, estaba siendo arrancada de la tierra por fuerzas que desbordaban toda comprensión. Ares, el dios de la guerra, había decidido elevar la ciudad, convirtiéndola en un fragmento flotante que pendía sobre la isla como una espada de Damocles. La imagen era devastadora: el suelo retumbaba, y los gritos de los habitantes resonaban en la distancia, impotentes ante el terror que se cernía sobre ellos. La ciudad, suspendida en el aire por la voluntad de Ares, se convertía en una amenaza masiva, un meteorito del caos que se precipitaba hacia su destino.
Con cada latido, la energía de la guerra aumentaba, alimentando al dios con un poder que prometía devastación. Su objetivo era claro: usar ese fragmento de la isla para provocar el mayor daño posible, un cataclismo que aplastaría la resistencia de cualquier ser vivo que osara desafiar su voluntad. La sombra de la muerte se alzaba, y los Extraños se encontraban en su punto más crítico, enfrentando no solo a sus enemigos físicos, sino también a la desesperación que se alzaba como un espectro oscuro sobre sus almas. Las esperanzas de salvación se desvanecían, mientras el eco de la guerra ya era un grito , arrastrando consigo la certeza de un destino trágico.
--- continuará---
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